Historia

Tarquinia a lo largo del tiempo

La historia de Tarquinia

Desde el siglo XII-XIV a. de C. hasta nuestros días

Entre los más grandes de Italia, el territorio de Tarquinia se extiende desde los sombríos bosques del interior de Viterbo hasta las soleadas playas de la costa del mar Tirreno. Cualquier periodo del año es bueno para descubrir estos parajes, no es necesario esperar al verano para disfrutar del relax del mar, del campo, de los bosques. A lo largo del año la ciudad brinda al turista innumerables eventos, acompañados de un entorno natural en continuo cambio.

La etrusca Tarkna (en latín Tarquinii) estaba situada a unos diez kilómetros de la costa, donde se encontraba su puerto principal, Gravisca, un poderoso emporio del Mediterráneo. El asentamiento etrusco surgió y se desarrolló en una privilegiada posición geográfica desde la que dominaba el valle subyacente del río Marta, emisario del lago de Bolsena; el curso del río, además de ser entonces navegable desde el mar hasta la ciudad, garantizó durante siglos un fácil contacto con el interior y contribuyó en gran medida al florecimiento y la afirmación política y económica de la ciudad.

Pian di Civita, nombre del cerro desde el que, durante siglos, la poderosa ciudad etrusca fue protagonista de los acontecimientos políticos del Mediterráneo, está separada de la costa por la larga y paralela colina Monterozzi, sede de las necrópolis históricas. Los testimonios arqueológicos más antiguos del conjunto urbano se remontan a la Edad del Bronce final (siglo XII a.C.), aunque solo a partir del siglo VIII a. de C., debido al aumento de los contactos con el mundo griego y con la transmisión de nuevas tecnologías y de nuevos modelos culturales, se acentúa el proceso de formación urbana que llevará a Tarquinia a ser considerada «grande y floreciente» (Dionisio de Halicarnaso) y «la más rica de Etruria» (Cicerón).

En el siglo VI y en las primeras décadas del siglo V a. de C. Tarquinia está en su apogeo urbano; esto corresponde a una expansión que llevará a la ciudad a dominar un área que llega hasta el lago de Bolsena. Es el momento de máximo poder de la ciudad y estas décadas de gran esplendor económico y político se reflejan de manera evidente en el desarrollo de la necrópolis. Entre finales del siglo V y principios del IV a.C. se construyó la imponente muralla fortificada de unos 8 km de largo, que delimita un área de 135 hectáreas, para defender la ciudad de los celtas que descendían del norte así como de Roma que iniciaba su expansión desde el sur.

Las hostilidades entre Tarquinia, a la cabeza de la liga de las ciudades etruscas, y Roma desembocan en un conflicto entre el 358 y el 351 a. de C. culminando en una tregua de 40 años; en el 308 a. de C. tras un nuevo enfrentamiento armado, la tregua se renueva por un periodo de 40 años más.

Durante la primera mitad del siglo III a.C. la ciudad es definitivamente derrotada por Roma, que ocupa la franja costera. Sin embargo, las dos ciudades mantienen buenas relaciones, de hecho, Livio recuerda como Tarquinia, en el año 205 a.C., suministró a Escipión el lino para las velas de los barcos utilizados en la expedición africana en ocasión de la Segunda Guerra Púnica.
En el 181 a. de C., en el sitio del antiguo puerto, Roma fundó Gravisca, una colonia marítima. Después del 90 a. de C. Tarquinia también recibió el derecho que le otorgaba la ciudadanía romana y se convirtió en un municipio gobernado por un colegio de cuatro magistrados. En la época tardorimperial el declive se hizo imparable y en la Alta Edad Media el cerro de la ciudad se fue despoblando hasta que, en el siglo VIII d.C., la sede episcopal se traslada a la cercana Corneto y la zona de la Civita queda definitivamente abandonada.

La actual Tarquinia, desde su formación hasta el siglo pasado, fue llamada Corneto; desde 1872 Corneto-Tarquinia y desde 1922 Tarquinia. El nombre parece derivar de la presencia de plantas de cornejo macho (Cornus mas). La ciudad se menciona en un documento (siglo VIII) de la abadía de Farfa. Otra tradición sugiere que el nombre deriva del mítico rey Corito, su fundador y antepasado de Eneas. Los orígenes de la ciudad aún no están claros. Para Corneto el desarrollo urbano no fue ni consecuencia ni causa de un drástico o traumático abandono de la vieja Tarquinia: más bien las fuentes históricas documentan que al menos hasta el siglo XIV los dos centros coexistieron, aunque por importancia, Tarquinia, que fue sede episcopal desde el siglo IV, iba cediendo progresivamente el paso a Corneto: el primer núcleo se desarrolló sobre el acantilado en el que estaba asentado el castillo (siglos VI-VII) en lugar de una probable preexistencia romana.

Es aquí donde parece que, alrededor de una torre preexistente, se agregó un palacio fortificado, en el que la condesa Matilde de Canossa en 1080 mantuvo una audiencia con poderes pontificios; se trataría del lugar donde actualmente se encuentra la iglesia de Santa María, llamada, precisamente, del Castillo (in Castello) y que, al parecer, sustituyó a una anterior S. Maria ad Rupes, probable capilla palatina. A este castrum (campamento fortificado) inicial se unió, en poco tiempo, un arrabal que se intensificó hasta determinar la necesidad (siglos IX – X) de la construcción de una muralla para su protección.
El sistema de fortificación, aún conservado en alguna de sus partes, en su perímetro original excluía el lado oriental del actual pueblo (Castro Novo), que se desarrolló entre los siglos XIII y XIV. El trazado, por lo tanto, dejando atrás el castillo seguía el recorrido actual hasta la plaza Cavour, doblando por Corso Vittorio Emanuele II y continuando hacia la Alberata Dante Alighieri, hasta la empinada cuesta del mirador. Convertida en civitas (ciudad-estado) en el siglo XI (bula papal de Sergio IV), la ciudad ya gravitaba en la órbita del Patrimonio de San Pedro desde el año 787. El ascenso político y económico de la ciudad se manifestó (siglo XII) en los tratados comerciales estipulados con Pisa, Génova y Venecia, gracias a la cercanía del mar y de los ríos Marta y Mignone, entonces navegables y en cuyas desembocaduras existían importantes muelles.

A mediados del siglo XII Corneto fue un municipio libre; por lo tanto, se convirtió en antagonista de Tuscania y Viterbo, desfavorecidas por estar situadas en el interior. En el siglo XIII la ciudad consolidó su estado jurídico vinculándose cada vez más a Roma, que, de hecho, se presentaba como la principal compradora de su rica producción de cereales, por la que Corneto era conocida como horreum urbis (almacén público de la ciudad). Los cambios decisivos comenzaron entre los siglos XIV y XV, cuando la ciudad se vio envuelta en las luchas entre el papado y el imperio.

En 1328 M. Vitelleschi, una vez conquistado el poder con la intención de crear un Señorío, no pudo llevar a cabo su proyecto porque fue asesinado en una revuelta popular que estalló tan solo dos años después.
Entre los siglos XV y XVI inició una fase de constante decrecimiento, coincidente, entre otras cosas, con la consolidación del poder de los Vitelleschi y con la progresiva injerencia de la Iglesia, atestiguada por el asedio y el saqueo de la ciudad (1355), cometidos por las tropas pontificias encabezadas por E. Albornoz y G. Orsini. En 1435 Eugenio IV, elevando a Corneto a sede episcopal, otorgó el título a las Santas María y Margarita, que el obispo B. Vitelleschi reformó por completo para obtener una capilla familiar. En 1439, con la restauración del torreón de Matilde, se construyó una puerta fortificada de bayoneta, que excluyó el castillo de la zona urbana, lo que provocó su rápido deterioro. Entre finales de siglo XV y principios del siglo XVI dos graves pestilencias redujeron la población en dos tercios. Así comenzó un período de decadencia que afectó también al patrimonio inmobiliario. En el siglo XVIII hubo algunos intentos de sanear la economía cornetana.
Entre estos, destacan las intervenciones en el puerto (Clemente XlI, 1738-48); más tarde Pío VII realizó instalaciones para la extracción de la sal (1802). Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX la ciudad fue ocupada dos veces por las tropas francesas: primero por las revolucionarias y luego por las napoleónicas. En 1815 volvió al Estado Pontificio hasta 1870, cuando fue anexionada al Reino de Italia. Los acontecimientos posteriores están relacionados con el desarrollo del estado italiano.

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Traduzioni di Ylenia Marcucci e Alessandro Rotatori